Hoy en el colectivo camino al trabajo escuchaba música en el Ipod, se trata del modelo shuffle cuyas dos principales virtudes son: reproducir las canciones en forma aleatoria (de ahí su denominación) y ser el más económico de la línea. La segunda virtud fue sin lugar a dudas la que definió la compra del producto y la primera la que se relaciona con este intento reflexivo. Bueno como les decía estaba escuchando el Ipod en modo shuffle y luego de algunos temas siento los primeros segundos de "Necesito tu amor" de Charly García, ese fue el punto de partida de lo que relataré a continuación...
El tema es el siguiente, antes era más simbólico y genérico... el pase de la infancia a la adolescencia a determinada edad te daban los pantalones largos y punto, ya había cambiado tu estado. Era notorio y distinguible en cualquiera, al menos en apariencia. En mi caso, como en la mayoría de los de mi generación, fue diferente. Estaba terminando Sexto o Séptimo grado de la primaria cuando con algunos compañeros comenzamos a escuchar a Charly, estamos hablando del año 1984 y con la llegada de la democracia comenzó a sonar muy fuerte el rock nacional (además faltaban unos años para la globalización).Parte de la religión fue a mi entender el mejor trabajo de García en muchos aspectos, actualmente sigue siendo dentro de su producción mi disco favorito. Volviendo al tema central de la cuestión ese año mis compañeros fueron a verlo al Gran Rex, por supuesto los padres los llevaron y los fueron a buscar ya que en ese tiempo no daba para tanto. En mi caso cuando comenté en casa que quería ir con ellos obtuve como respuesta un no rotundo... era muy chico. La tristeza y angustia fue terrible, pero (siempre hay un pero para alegrar la historia) me fue tan bien en el colegio que mis padres decidieron que como premio podía ir. Mi viejo llegó una tarde con dos entradas para el gallinero del Rex, una para el y una para mí, como mis compañeros ya habían ido debía ir con el.Fue una noche que nunca voy a olvidar y creo que ese fue el momento en donde realmente deje la infancia, aunque con el tiempo aprendí que la infancia no se deja, solo se pierde la inocencia.El momento inolvidable: los dos parados en los apoya brazos de las butacas saltando y cantando "No voy en tren"...